Salvador Dalí

SALVADOR DALÍ (1904-1989)

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Pintor, escultor, ilustrador y escritor, nacido en Figueres (Girona). En 1922 empezó los estudios de Bellas Artes en Madrid. Durante su estancia en la Residencia de Estudiantes mantuvo una gran amistad con el poeta Federico García Lorca y el cineasta Luis Buñuel, con los que llevó a cabo numerosos proyectos artísticos.

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En 1928 se marchó a París, allí conoció a Picasso y se integró en el grupo de pintores y escritores surrealistas, encabezado por André Bretón. De este período datan algunas de las obras que le convierten en uno de los máximos representantes del surrealismo, como “El gran masturbador”, “El juego lúgubre” o “La persistencia de la memoria”. En 1929 conoció a la joven rusa Helena Diakonova, conocida con el sobrenombre de Gala, que desde entonces se convertiría en su modelo y compañera.

Fue el creador de una pintura literaria, minuciosa, virtuosa y laboriosa, con elementos figurativos procedentes de su particular mundo, de sus obsesiones y mitos; de una obra repleta de objetos cargados de simbolismo situados en paisajes solitarios, trazados con un profundo conocimiento del arte de la perspectiva y un extraordinario dominio de la técnica pictórica. A partir de un impresionismo sensual y pasional evoluciona hacia formas cubistas, puras y racionalistas, hasta convertirse primero en exponente destacado del surrealismo y descubrir después el poder iconográfico del arte clásico como herramienta perfecta para llevar a cabo su método paranoico-crítico (conjunción entre pensamiento e imagen).

Salvador-Dali_Don-Juan-Tenorio_1949Dalí se consideró a sí mismo como un artista eminentemente teatral. Desde sus incursiones cinematográficas (“Un chien andalou” (1929) y “La edad de oro” (1931) de Luis Buñuel, “Spellbound (Recuerda)” (1945) de Alfred Hitchcock o “Destino” (1946) de Walt Disney), pasando por la confección de decorados y vestuario para teatro, ópera y ballet, vemos como la maestría y el ingenio del Dalí pintor se ponen al servicio del mundo de las artes escénicas. Trabajó en importantes montajes como Mariana Pineda, de F. García Lorca (Cia. Margarita Xirgu. Teatro Goya Barcelona, 1927); Bacanal, ballet de Dalí (Coreografía de L.Massine. The Metropolitan Opera House, 1939); Rosalinda o Como gustéis, de W. Shakespeare (Dir. Luchino Visconti. Roma, 1948); Don Juan Tenorio, de J. Zorrilla (Dir. Luis Escobar. Teatro María Guerrero, 1949); Salomé, de Oscar Wilde, con música de R. Strauss (Dir. Peter Brook. Convent Garden de Londres, 1949); Gala, ballet de Dalí-Béjart y La dama española y el caballero romano, ópera-ballet de Scarlatti (Teatro La Fenice de Venecia, 1961).

El Don Juan Tenorio de José Zorrilla es la obra más popular y emblemática de toda la historia del teatro español. Desde su estreno en el Coliseo de la Cruz de Madrid en 1844, se han sucedido cientos de versiones e interpretaciones de tenorios por toda España. De todas ellas, sólo hay una que se ha convertido en una producción legendaria y un referente icónico de la pieza teatral de Zorrilla, es el llamado Don Juan Tenorio de Dalí.

En 1949, Luis Escobar se propone llevar a escena una versión revolucionaria e innovadora de Don Juan Tenorio de Zorrilla. Para conseguir este fin, no duda en encargar la realización de los decorados y el vestuario a Salvador Dalí. La obra fue estrenada en el Teatro María Guerrero de Madrid, el 1 de noviembre de 1949, bajo la dirección escénica de Luis Escobar y Huberto Pérez de la Ossa. Posteriormente, hubo dos reposiciones una fue en el Teatro María Guerrero, el 3 de noviembre de 1950, y la última en el Teatro Español, el 30 de octubre de 1964. Tras el estreno, la crítica se mostró muy dividida, pasando del entusiamo al absoluto rechazo.

Dalí acogió con gran entusiasmo el encargo de diseñar la escenografía y los figurines para el Don Juan Tenorio, porque, tal y como reconoce en sus propias palabras: “Estaba escrito que yo tenía que hacer un Tenorio. Es una obra típicamente daliniana. Era absolutamente inevitable.

La finalidad del proyecto era modernizar la puesta en escena del Tenorio ajustándose al original y potenciando el carácter fantástico-religioso que el propio dramaturgo señalaba para su drama. La idea de Dalí era crear un ambiente sugestivo y poético, utilizando decorados simples pero dotados de gran carga simbólica, reforzados por los avatares de la acción y los caracteres de los personajes: la azucena en Doña Inés, la tornera sin rostro, el destino en las Parcas, la inocente paloma en la jaula, el mal augurio en la rotura de un plato y en las mariposas o las continuas calaveras. Todo ello indicaba el fatal destino que parecía conducir a Don Juan.

A pesar de que han desaparecido muchos de los bocetos originales, todavía hoy se conservan algunos esbozos de decorados y de vestuario firmados por Salvador Dalí entre 1949 y 1964, y que afortunadamente se guardan en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museo Nacional del Teatro.