El edificio

Los Palacios Maestrales fueron erigidos, a mediados del siglo XIII, como Sede Cortesana del Maestre de la Orden de Calatrava y residencia de los frailes y caballeros calatravos. Con la incorporación de los maestrazgos a la corona, durante el Reinado de los Reyes Católicos, parte del complejo palatino se convirtió en residencia del Gobernador de Almagro y en el siglo XVIII fue Real Cuartel de Caballería de Fernando VI, momento en el que sufrió un incendio, quedando sólo el patio y algunas dependencias.

En su origen, los Palacios Maestrales estaban formados por un conjunto de edificios que respondían a sus distinstas funciones: residencia conventual, sede política y centro administrativo del maestrazgo de Calatrava. Su ubicación privilegiada, frente a la desaparecida iglesa de San Bartolomé el Real, al lado norte de la Plaza Mayor, explica este vasto conjunto de edificios, que inicialmente ocupaba toda la manzana comprendida entre las calles del gran Maestre, Emilio Piñuela, San Agustín y Plaza Mayor.

En el siglo XIX, tras el abandono del castillo de Calatrava la Nueva, parte de este recinto fue convertido en Sacro Convento de Calatrava, hasta que la desamortización de Mendizábal pusiera en manos de particulares, a través de subasta pública, los restos de este palacio.

De su traza original se conserva un gran torreón en la esquina, contruido en mampostería encintada, y un magnífico patio mudéjar, con arcos de herradura, realizados en ladrillo y enmarcados con un alfiz y apoyados sobre sus primitivos soportes en forma de pequeñas columnas, en la panda norte; y de pilares cuadrados de piedra, en las pandas este y oeste. En las galerías superiores se conservan zapatas policromadas con decoración vegetal y emblemas heráldicos de la Orden y de los Maestres que lo edificaron. En algunas de ellas se pueden divisar la cruz negra de los calatravos que fue cambiada a roja, a partir de finales del siglo XIV, en memoria de la sangre derramada.

Tras la cesión del Ayuntamiento de Almagro de los Palacios Maestrales para sede del Museo Nacional del Teatro en 1994, se realizaron importantes obras de rehabilitación para adecuar los restos de un edificio histórico a las necesidades que requiere un centro museístico.

El nuevo museo ocupa una superficie de 2.213,68 metros cuadrados, en tres alturas, distribuidos en salas de exposición en las tres plantas, biblioteca, almacenes en sótano y entreplanta, oficinas en planta superior y torreón, y finalmente, claustro mudéjar para la realización de exposiciones temporales y otras actividades.